2/23/18

PROPUESTA DE CONSUETA PARA EL TEMPLO EXPIATORIO DEL SAGRADO CORAZÓN DE GERONA

PRÓLOGO

Una consueta es un conjunto de reglas fundadas en la costumbre, con las cuales se rige un cabildo o capítulo eclesiástico. Bajo esta definición también se suele denominar al conjunto de reglas que rigen el toque de campanas de un templo. Sus redactores han sido generalmente meros transmisores, no creadores, aunque en algunos casos tratan de organizar, o reorganizar, ciertos desajustes observados, o bien innovaciones propias de los tiempos. 

Estos documentos demuestran la importancia que antiguamente tenían los toques de campana. Su sonido marcaba el inicio y fin de las actividades diarias, religiosas o no; o mejor dicho, solo religiosas, porque cualquier actividad estaba orientada a santificar el tiempo a través del trabajo y la oración. Es por eso que los principales toques de Oración, el Ángelus del alba, mediodía y anochecer, marcasen también el inicio  y el final de la jornada de trabajo y el momento de descansar. 

Desde la perspectiva del hombre actual no llegamos a comprender bien la función y la trascendencia de los toques de campana: nos pueden parecer semejantes al toque de las horas del reloj, pero no es así. Las campanas del reloj solo marcan una división horaria del tiempo, carente de significado, mientras que los toques tradicionales señalan el tiempo sagrado, que no es homogéneo sino jerárquico. Esta jerarquización configura esquemas que se repiten, bien de forma diaria a través de los toques que rigen la jornada (la oración del alba, diferentes misas y oficios matinales -especialmente la Misa Mayor o Conventual-, la Elevación en la Consagración, el Ángelus, las Vísperas, el Rosario, la oración de la tarde y la oración de Ánimas), o bien a través del ciclo anual (domingos, fiestas y solemnidades, y los diferentes tiempos litúrgicos). 

Las campanas hoy en día tienen un papel marginal en comparación al protagonismo que tuvieron hasta no hace muchos años. Hoy son un sonido más entre el murmullo de la actividad diaria, que a algunos puede parecer pintoresco y romántico, mientras que a otros resulta anacrónico e incluso molesto. Legalmente reciben, en la mayoría de los municipios, el mismo tratamiento que el ruido de un camión de basura; no obstante, algunos ayuntamientos han empezado a elaborar ordenanzas donde se protege el sonido de las campanas.

La recuperación de toques tradicionales y del toque manual es un fenómeno que en España comenzó a producirse hace unos treinta años y es consecuencia de considerar los toques de campana como un bien patrimonial. Los nuevos campaneros se aproximan a las campanas por pura afición, sin retribución económica alguna, no de forma profesional como los antiguos campaneros y sacristanes. Esta labor beneficia tanto a la Iglesia como a la sociedad, en cuanto enriquece el patrimonio cultural de la misma. 

La vertiginosa industrialización que tuvo lugar a partir de los años sesenta acabó con las formas tradicionales de cohesión social. Desde entonces, el desarraigo se fue convirtiendo, paradójicamente, en elemento importante de identidad social. Los toques de campanas, tradicionalmente, unían en un solo corazón a la comunidad a la que, al mismo tiempo, representaban. Los vecinos sabían interpretar perfectamente cada uno de los toques y conocían cada campana por su nombre o apodo cariñoso. De forma más o menos inconsciente, las personas anhelan un sentimiento de pertenencia a la comunidad que se ha ido perdiendo, y a esta necesidad responde el movimiento de recuperación de los toques de campana, entre otras manifestaciones de la cultura tradicional. 

En este sentido, merece especial mención la labor realizada por Francesc Llop i Bayo, prestigioso campanólogo a nivel internacional y actual presidente de la Asociación de Campaneros encargados del toque manual de la torre del Micalet de Valencia. No solo han recuperado los toques manuales en Valencia, sino que realizan una labor muy importante de concienciación a nivel nacional. 

Este pequeño trabajo propone una consueta para el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón basada en los toques tradicionales de la ciudad de Gerona. Esta recuperación no debe basarse en criterios arqueologicistas y desvinculados de la finalidad real y actual de las campanas como un mero hecho cultural, sino que ha de plantearse de forma acorde con las necesidades litúrgicas del templo. Por ejemplo, hoy ya no se lleva el Viático a un moribundo en una improvisada procesión anunciada y acompañada con campanas, por tanto es innecesario recuperar este toque. El toque manual (que parcialmente ya se ha recuperado con el toque diario a Misa) reforzaría la finalidad religiosa del templo expiatorio, enriqueciendo su repertorio de forma que anunciase y acompañase la actividad litúrgica. 


1. INTRODUCCIÓN

Aunque el origen de las campanas es pagano (ya aparecen en la antigua Roma), es en la Edad Media cuando se convierten en un elemento propio de las cultura cristiana. Fue entonces cuando se difundió la famosa frase que recoge las seis cualidades de las campanas: “Laudo Deum vero, plebem voco, convoco clerum, defunctos ploro, pestem fugo, festa decoro” (Alabo al Dios verdadero, llamo al pueblo, convoco al clero, lloro a los difuntos, ahuyento la peste, adorno las fiestas). Estas cualidades las obtenían en la Solemne Bendición, requisito imprescindible para su uso litúrgico. Hasta finales del siglo XIX, momento en que se aprobaron nuevas fórmulas, la bendición de campanas era potestad exclusiva del Obispo, especificándose incluso en las rúbricas que debía ser el Ordinario de la diócesis. En la ceremonia las campanas eran lavadas, bendecidas con agua bendita, ungidas con Santo Óleo e incensadas. También se les imponía un nombre, generalmente de un Santo de especial devoción, al cual en las inscripciones se pedía su intercesión. En suma, la campana se convertía en un objeto sagrado animado, que tenía nombre propio, y que intercedía ante Dios. Pero por otro lado, era también voz de Dios, al anunciar con su sonido los principales acontecimientos, especialmente los litúrgicos. Su sonido construía el tiempo de los días laborables. La monotonía de las jornadas se rompía los domingos y las fiestas con toques de mayor viveza. La vida del cristiano era acompañada desde su nacimiento hasta su fallecimiento por el sonido de las campanas a través de un complejo lenguaje que expresaba el sentimiento de la comunidad de fieles. La función de las campanas era también sobrenatural: en virtud de su solemne bendición protegía a la comunidad de las acechanzas del maligno, manifestadas especialmente en forma de tormentas que podían estropear las cosechas y avocar a la ruina a toda la población. El toque de campanas durante las procesiones, que en principio se entiende como de acompañamiento y júbilo, es un toque de protección, pues la comunidad se encuentra vulnerable fuera del templo (1). 

La efectividad de los toques contra las tormentas ha sido un tema polémico desde el inicio de la Edad Moderna: algunos humanistas del siglo XVI lo cuestionaron y los ilustrados del XVIII llegaron a la conclusión de que se trataba de una más de las supersticiones de las que, según ellos, adolecía la religión. Según algunos partidarios del poder de las campanas para deshacer las tormentas, este efecto era consecuencia de la vibración del bronce; para la Iglesia, la tormenta se deshacía en virtud de la Solemne Bendición de la campana. En el trasfondo de esta polémica se advierte el inicio de un proceso de desacralización que con el discurrir de los siglos fue cogiendo cuerpo hasta llegar a la situación actual, en que las campanas solo se entienden como un objeto de utilidad práctica del que, incluso, se puede prescindir. 

A diferencia de otras facetas de la vida religiosa, la Iglesia apenas ha legislado sobré cómo y de qué manera deben tocarse las campanas. Excepcionalmente, a través de algunas bulas, ha indicado cómo deben llevarse a cabo determinados toques de oración cuyo rezo beneficia la obtención de Indulgencias, pero nada más. Esto ha permitido que se hayan desarrollado diferentes formas o tradiciones de toques que se empiezan a perfilar a partir del siglo XVI: en Inglaterra empieza a gestarse el Change ringing; en Flandes comienzan a construirse los primeros carillones; en Italia aparecen algunos estilos regionales como el boloñés, el tirolés etc. De forma paralela, en España el toque de campanas empieza a presentar ciertos elementos propios, al mismo tiempo que se perfilan los principales estilos regionales, cuyo epicentro solían ser los campanarios de las sedes metropolitanas, siendo el catalán uno de ellos.


2. LA TRADICIÓN CAMPANERA CATALANA

La tradición campanera catalana presenta una serie de peculiaridades de gran personalidad. Según el campanólogo valenciano Francesc Llop i Bayo, existen tantas formas de tocar como catedrales, pues en sus torres se gestaron los diferentes códigos que fueron imitados por las parroquias de su jurisdicción, así como técnicas y peculiaridades formales. 

La tradición catalana se inserta dentro de la tradición española, que se caracteriza por:

      1. El empleo de yugos (jous) de gran contrapeso, que pueden adquirir en ocasiones una gran altura. En el resto de Europa las campanas suelen colgar de una viga en la que se encuentra el eje de rotación.

         2.  Toques con significado basado en ritmos y no en melodías. El toque de campanas en España nunca se ha desvinculado del hecho religioso. Incluso los toques estrictamente civiles pueden considerarse religiosos en tanto que forman parte de un código que rige, acompaña y protege a la comunidad como pueblo de Dios. En las antípodas del concepto hispano se encuentran los carillones, que se originaron en los Países Bajos en torno al siglo XVI, los cuales solo sirven para tocar melodías o canciones. Su sonido carece de significado. 

         3. Desarrollo de un gran número de técnicas de toque. Es probable que España, a través de sus variedades locales, sea uno de los países que más técnicas de toque ha desarrollado, en aras de enriquecer el lenguaje sonoro. En general, se distinguen varias formas de tocar en movimiento una campana (2):

                3.1. Balanceo muy bajo. Consiste en tirar de la cuerda de forma que el badajo pegue solo en un lado. En documentos antiguos se le suele llamar “tocar a pico”. En otros lugares es conocido como “media vuelta floja” (3). Esta forma permitía además realizar series de toques con un número de campanadas concreto.
            3.2. Balanceo bajo. Consiste en mover la campana hasta que aproximadamente alcanza la horizontal. Esta forma de toque suele asociarse a toques fúnebres.

          3.3. Balanceo alto. La campana alcanza la vertical. En ocasiones el campanero la para dejándola con la copa hacia arriba. Esta forma de toque le permite tener un control absoluto del movimiento de la campana y realizar combinaciones rítmicas, bien balanceando el resto de campanas, bien repicándolas.  

      4. Volteo. La campana gira de forma continua en el mismo sentido. Este toque es de creación española, aunque también existe en algunas localidades del sur de Francia, Portugal y en Hispanoamérica. Entendemos que se trata de una evolución del balanceo alto. Existen dos formas de voltear: con cuerda (enrollando y desenrollando una o varias cuerdas en los brazos) y a mano (impulsando con las manos sobre el yugo o el bronce). Desconocemos en qué momento se empezaron a voltear las campanas. Se piensa que no debe ser anterior al siglo XVI.

       5. Como consecuencia de la anterior, en España no existió interés por la afinación de campanas (4). Es decir, no existió un interés técnico como el que tuvo lugar en el norte de Europa por afinar todos los armónicos que produce una campana al ser percutida y armonizar éstos con los del resto de campanas de un conjunto (5). Este proceso es imprescindible en campanas de carillones y propio de conjuntos alemanes, franceses o ingleses. En España ocasionalmente se llegan a armonizar, es decir, se crean conjuntos de manera que el sonido de una campana diste de la anterior o la posterior de un intervalo de tercera. Pero esto tampoco es una norma general, pues es frecuente encontrar campanas con notas consecutivas, con medio tono de diferencia e incluso con la misma nota (lo cual no quiere decir que suenen igual).  Lo que se buscaba en España era la diferencia tímbrica entre una campana y otra. En la antigua corona Castellana se iba más allá, y se componían conjuntos de campanas con bronces de diferentes perfiles y grosores (campanas romanas, campanas de Pasión, esquilones, cimbalillos, de entretalle etc), de forma que la diferencia sonora se enriqueciera a través de la variedad tímbrica. 

        Las peculiaridades de la tradición catalana son:

    1. Campanas de forma esquilonada (de hombros estrechos y perfil sinuoso), cuya sonoridad entronca con la tradición europea. La mayoría de los fundidores que trabajaron en Cataluña provenían de Francia o de Italia. La recientemente desaparecida fundición Barberí tenía su origen en unos fundidores italianos que en el siglo XVI se asentaron en Olot. La exclusividad de este tipo de campanas contrasta con la tradición de la zona norte de la antigua Corona Castellana, donde las campanas esquilonadas alternan con las de perfil romano. En estos últimos territorios se nutrían, principalmente, de los fundidores cántabros de la comarca de la Transmiera.

      2. Los conjuntos de campanas suelen estar compuestos por campanas grandes (senys) y campanas pequeñas (esquelles). Un esquema habitual y muy repetido en las parroquias catalanas es el de dos campanas grandes y dos pequeñas, como es el caso del antiguo campanario de la parroquia de Santa Susana de Mercadal: dos grosses (la mayor se llamaba Sussana) y dos petites (6).

      3. Yugos (jous): El yugo es el armazón de madera donde va anclada la campana. Es un elemento tan importante como el bronce, no solo por su función estructural, sino que, junto con éste, conforma la sonoridad tímbrica de la campana, además de determinar, según su forma, medidas etc., los diferentes ritmos que pueden realizarse en los toques. Consta de dos partes: 

             3.1. El yugo propiamente dicho (en algunos sitios se le llama brazo), que es la viga de madera  donde se sitúa el eje de rotación y en la cual reposan las asas de la campana.

                 3.2. Sobre esta importante pieza se ubica el contrapeso, compuesto por diferentes piezas de madera. En Cataluña es habitual emplear junto con la madera una o varias piedras convenientemente talladas. 

       En la parte inferior del brazo suele haber una palanca (en Valencia se le llama ballesta) de madera o metal que remata en una anilla donde es atada la cuerda que permite balancear la campana. Las campanas de gran tamaño suelen tener dos palancas, una a cada lado.

Campana de Sant Miquel de Campmajor (Gerona).
FONS ACPE180-10 / Consell Comarcal del Pla de l'Estany

       4. La forma de toque paradigmática y más interesante es el balanceo de la campana hasta dejarla derecha, con la copa hacia arriba y parada (a seure). En la parte exterior de los ventanales existe un tope metálico que obstaculiza el giro continuado de la campana. Cuando ésta gira hacia afuera este hierro hace de tope con la palanca y la campana se queda parada con la copa hacia arriba.

Tope para asentar la campana. Iglesia del Sagrado Corazón de Gerona.
A la izquierda de la campana puede apreciarse el tope para inmovilizar la campana. Iglesia de San Pedro, Besalú (Gerona)
La "Tomasa" de la Catedral de Barcelona asentada (1920). Fotografía publicada por SAPENA, Carles, Les campanes, Girona, 1997.


        5. Existen diferentes técnicas de toque. Por un lado está el toque con badajo, bien a batallades, es decir, a golpes de uno en uno, o bien repicando (7): realizando golpes seguidos y acompasados con una o varias campanas. En la Seo de Barcelona solo se tocaban con badajo las tres batallades de las Oraciones, con la Tomasa (la campana grande). El repique era prácticamente inexistente en las catedrales. De hecho existía un dicho que decía “quan a la Seu repiquen, senyal de misteri”. En la catedral de Gerona el repique (o tritlleig, como era localmente denominado) tenía lugar en dos fiestas al año, el Corpus y la Inmaculada. Este repique era general y en él participaban todas las iglesias de la ciudad.

Campanero repicando en la iglesia de San Cebrián de Torroella de Fluvià (1910-1920). BRANGULÍ (Fotògrafs)/Arxiu Nacional de Catalunya.


       El repique sí que era una forma de toque habitual en las parroquias. Éste podía variar según el tipo de toque, pero como norma general y siguiendo el esquema habitual de la corona de Aragón, el campanero repicaba las campanas pequeñas con las manos y las grandes con los pies. Para ello no era infrecuente que recurriera a unas tablas que a modo de pedal que servían para tirar de las cuerdas. Con las grandes se marcaba el ritmo, mientras que con las pequeñas se repicaba con mayor adorno y rapidez. 

      Existe otra forma de repique basado en los bancos de pedales, por influencia francesa. En Cervera a día de hoy se sigue interpretando el repique Bilandó con pedales, empleando las cuatro campanas grandes. El repique estrictamente manual propicia toques rítmicos de gran viveza, mientras que los pedales generan secuencias más melódicas; de hecho, son el precedente inmediato de los carillones de campanas. 

     Por tanto, si en las catedrales el repique no existía, el amplio repertorio de toques, que podía superar la centena, se limitaba al movimiento de campanas. Los campanarios catedralicios catalanes aprovecharon al máximo las posibilidades expresivas que ofrece el balanceo de campanas. 

      Transcribimos a continuación un extracto del apartado de una consueta de la catedral de Gerona (redactada en torno a 1870). En ella aparece un interesante glosario de términos que ilustran el grado de matización que alcanzó el toque tradicional. Algunos son acompañados de interesantes aclaraciones (en castellano) del periodista, historiador y gran conocedor de las campanas de Gerona Josep Grahit i Grau: 

Bogar. Consisteix en què, estirant la corda lligada al capçal de la campana, aquesta volta alternativament a una banda i altra, picant el batall contra les parets de la campana.

Voltar. Significa dar la vuelta, lo que no se ha efectuado nunca -felizmente- ninguna de las campanas que han existido en Gerona.

Assentar la campana. Fer, tot bogant, que la campana resti quieta amb la boca enlaire i el capçal a baix.

Alçar la campana. Es el mateix.

Volcar la campana. Es el mateix.

Deixar dreta la campana. Es deiar-la “assentada”.

Deixar anar. Consisteix en què, quan la campana esta dreta, se la remou de la seva posició i es deixa que ella sola es pari, poc a poc, quedant aleshores en posició normal, o sia amb la boca a baix i el capçal enlaire.

Fer tocs. Cada “toc” consisteix en bogar la campana primer a un costat, després a l'altre, i per fi assentar-la, Fer “tocs” és repetir els “tocs” a petite intervals.

Remenar les campanes. Consisteis en bogar vàries campanes a l'hora i una estona sense assentar-les.

Así bien se aplica el verbo remenar cuando, en vez de todas o varias, se tañía una sola sin dejarla levantada o boca arriba.

Senyalar (l'ofici, el sermó, etc.) Es fer a intèrvals una sèrie de “tocs”, la qual sácaba “deixant anar” les campanes amb “remenament” o sense ell.

Casi siempre se efectuaba sin “remenament”.

Campana. Tocar campana. Es un toc especial per a senyalar sermó o bordons a l'ofici. Es fa amb la campana de la Mare de Déu a la vigilia, al “toc d'ánimes”.

[…]

Tritllejar, tocar a tritllo. Es el mateix que repicar.” (8)

       El propio Grahit insiste en la importancia que tenía las diferentes formas de mover las campanas: “el tó de les campanes, algunes de les quals per a donar més relleu a la festivitat a n'aquesta li estan reservades, i per la forma de fer-se bogar, dona més lluiment” (9).



        3. LA TRADICIÓN CAMPANERA CATALANA: UNA NECESARIA RECUPERACIÓN

      El toque tradicional de campanas se gestó en la Edad Media, continuó su perfeccionamiento y crecimiento hasta el siglo XVIII. En el siglo XIX se impone un nuevo sistema político, una nueva sociedad. Es en este momento cuando el toque tradicional entra en declive debido a las desamortizaciones y el progresivo abandono de la fe, llegando al siglo XX en estado agónico. Aparte de la pérdida de los toques, la industrialización acabó con los oficios vinculados a las campanas: fundidores, carpinteros locales (encargados de realizar los yugos) y los propios campaneros, sustituidos en la gran mayoría de los casos por artefactos mecánicos. 

      La mecanización de campanas empezó a plantearse como alternativa a los campaneros ya en el siglo XIX. A finales de esta centuria se mecanizan campanarios en Francia y Alemania. Este proceso se extiende a lo largo del siglo XX por toda Europa. El único país que se ha mantenido al margen ha sido Gran Bretaña, considerando que un campanario mecanizado es una cosa desalmada: si no hay campaneros capaces o suficientes para tocar las campanas es mejor que permanezcan mudas.

Instalación original del campanario de la catedral de Barcelona en 1917, antes de la primera mecanización, efectuada en 1929. FARGAS i BONELL, Carles / Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya
Primera instalación mecánica del campanario de la Catedral de Barcelona (1962). Fotografía publicada en PERARNAU DE BRUSE, Carmen, Las campanas de la Catedral de Barcelona, 1962.
Instalación actual de las campanas de la Catedral de Barcelona, al estilo alemán. ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc/www.campaners.com

     La primera mecanización conocida en España fue la de la Catedral de Barcelona en 1929. Se sustituyeron los tradicionales yugos de madera por otros de hierro con motores de volteo continuo. Esta intervención acabó con la tradición campanera de la Seo barcelonesa. La mecanización de campanas se generalizó en torno a la década de los sesenta, en parte gracias a la bonanza económica e industrial. Por aquellos años, además, empezaron a desaparecer las últimas generaciones de campaneros tradicionales, bien sacristanes o bien exclusivamente campaneros, que realizaban su trabajo a cambio de una compensación económica. No obstante, en muchos casos se forzó la jubilación del campanero para evitar su fatigoso trabajo, sustituyéndolo por la mecanización, cuyo coste de instalación en muchos casos superaba con creces el salario vitalicio del campanero. Detrás de la mecanización existía una idea de “modernidad” muy mal entendida que se enraizaba en un sempiterno complejo de inferioridad respecto a Europa. De hecho las propias empresas instaladoras supieron aprovecharse de este complejo para vender sus productos.

     La mecanización de campanas acabó con las diferentes tradiciones locales de toques. Fue un capítulo bastante lamentable de destrucción patrimonial, de cuya envergadura a día de hoy no somos del todo conscientes. Estas primeras mecanizaciones se llevaron a cabo de dos formas:

        1. Instalación de yugos de hierro con motores de volteo continuo. Se sustituyeron los antiguos yugos de madera (cuyos perfiles respondían a formas locales) por otros de hierro seriados. Con el paso de los años se ha demostrado que los yugos de hierro acaban rompiendo las campanas. Además, mientras que los yugos de madera aíslan acústicamente el bronce, los de hierro vibran con la campana ensuciando el sonido y transmitiendo vibraciones al muro. Estos nuevos sistemas mecánicos impiden cualquier tipo de toque manual. Los toques son exclusivamente mecánicos, dejando al arbitrio de la empresa instaladora la programación de un nuevo repertorio de toques que en nada tienen que ver con los tradicionales. Además, los antiguos, mesurados en cuanto a la intensidad y el número de campanas (recordemos que el toque manual requiere en ocasiones gran número de personas) se resuelve pulsando un interruptor, de forma que se pueden tocar todas las campanas en cualquier momento, cuando antes solo lo hacían, por ejemplo, entre 1 ó 10 veces al año.  

        2. Instalación de martillos eléctricos. Este tipo de intervenciones son menos agresivas que las anteriores. En ellas se disponen martillos eléctricos que por lo general también impiden cualquier toque manual. Del mismo modo que las instalaciones anteriores, también acabaron con los toques tradicionales. 

         A partir de la década de los setenta se produjo una segunda fase de mecanización que solo tuvo lugar en Cataluña y que fue mucho más agresiva que las anteriores, acabando casi por completo con la forma tradicional catalana. Esta segunda fase se caracterizó por la descalificación de todo el sistema acústico y comunicativo de la tradición catalana en base a planteamientos exclusivamente técnicos. Con la excusa de que las campanas estaban desafinadas y que el estilo de tocarlas (balanceándolas) era salvaje y peligroso, se modificó radicalmente el concepto del conjunto. Se decidió por tanto sustituir el sistema catalán por el alemán, reconstruyendo los campanarios con campanas perfectamente afinadas y tocadas mediante el sistema lancé característico de Alemania. Este sistema, común también en Francia y en otros países del norte de Europa, se caracteriza por el uso de badajos de gran peso y tamaño, que se lanzan contra las paredes del bronce cuando la campana se encuentra en su punto más alto de oscilación. En ese momento el badajo “besa” el bronce y retrocede. En este sistema las campanas son colocadas en complejas estructuras de madera asentadas en el interior de la torre. Los ventanales se cierran convenientemente para garantizar una acústica que facilite la amplificación y difusión uniforme del sonido, que se expande como una especie de murmullo uniforme en el que apenas se diferencia el golpeo de los badajos. En este sistema no existe variedad expresiva, todos los toques son iguales. Tampoco existe variedad comunicativa, las campanas siempre oscilan, ya sea para el Ángelus, una fiesta o un entierro. Esta forma de toque es absolutamente incompatible con el toque manual, de hecho es un sistema normalizado en una norma ISO en el que ya se fijan el peso y nota de la campana, el peso del badajo y el ángulo de oscilación. Como podemos ver, este sistema se encuentra en las antípodas del toque catalán, que busca la expresión sonora, rítmica y comunicativa.

          Esta fase de mecanización podemos considerarla todavía más peligrosa, agresiva y pretenciosa que la anterior. La primera se realizó en buena medida desde la ignorancia. Esta segunda fase, que solo afectó a Cataluña, se hizo desde el conocimiento técnico (10) y supuso la desvinculación absoluta de las campanas de “su” comunidad.

     De todas las catedrales catalanas, solo la de Solsona conserva parcialmente sus toques tradicionales; el resto los ha perdido completamente. En 1975 tuvo lugar la segunda mecanización de campanas de la catedral de Barcelona. Todas fueron colgadas de una estructura situada en el interior del campanario y dotadas de vigas de hierro y nuevos badajos para que tocaran al estilo alemán. Incluso, ¡se reafinaron algunas campanas del siglo XVII y XVIII! Otras campanas medievales se libraron de tal destrucción sonora (recordemos que el sonido de las campanas no varía con el paso del tiempo) y fueron guardadas en una sala intermedia de la torre campanario. Hoy en día esta intervención se considera grave destrucción del patrimonio. Imitando a la catedral de Barcelona, y al monasterio de Montserrat, bajo cuyo amparo se encontraba la fundición Guixá (en Monistrol de Montserrat), que fundía e instalaba campanas al estilo alemán, se modificaron gran cantidad de campanarios catalanes, y otros fuera de Cataluña, como el de la Basílica del Pilar (cuya instalación tradicional fue recuperada en la restauración de 2008). 

       La catedral de Tarragona conservó hasta el 2000 la instalación tradicional completa de las campanas. Por desgracia, coincidiendo con la restauración de la torre, se decidió, en base a un cuestionable criterio de restauración, trasladar todas las campanas al interior de la torre en estructuras de madera, de tal forma que se imposibilitaba el toque manual. Esta intervención fue todavía más grave si tenemos en cuenta que es una de las pocas torres en Cataluña que contaba (y cuenta) con un grupo nutrido de campaneros. Ahora solo tocan con los badajos intentando reproducir el sonido de los toques tradicionales. 

          Podríamos pensar que en la catedral de Gerona las campanas tocan al estilo tradicional, porque están dotadas de yugos contrapesados de madera y se balancean. Sin embargo, esto no es así. En primer lugar, debemos señalar que su ubicación es incorrecta: esta torre fue diseñada para que las campanas colgasen en los ventanales, a unos cuatro o cinco metros del suelo del campanario, de manera que su sonido se expandiera mejor y no “se lo comiera” la Beneta, que cuelga del centro de la bóveda de la sala. Con esta colocación, el sonido de cada campana sería percibido mejor y matizado en función del lugar desde donde se escucha el sonido. Este efecto no es casual, estaba intencionadamente buscado. En segundo lugar, la mecanización de las campanas de la catedral se basa en el sistema Rètro francés, basado en la oscilación de campanas contrapesadas y el golpeo del badajo en la parte baja de la campana. El balanceo está fijado de tal manera que el badajo golpea levemente el bronce, sin quedarse pegado en él. 

        Actualmente, el único gran campanario que mantiene viva la tradición catalana es el de Santa María de Cervera, un conjunto compuesto por seis bronces, tres de los cuales superan la tonelada de peso. Quedan también campaneros en áreas rurales, que seguirán ejerciendo su labor hasta su muerte. En Os de Balaguer se suele realizar todos los años un encuentro de campaneros, donde cada uno presenta los toques y repiques propios de su torre. Por desgracia esta interesante iniciativa, no se está siendo tratada con la importancia que merece, pues año tras año acuden al encuentro campaneros ya ancianos y sin sucesores que los releven y sin que aparentemente se hayan tomado medidas de inventariado o protección de los toques.  

Campanario de Santa María de Cervera, el único gran campanario catalán que mantiene vivo el toque manual. http://culturapopular.ecervera.cat


        Dicho esto debemos realizar una serie de reflexiones sobre la mecanización de campanas: en ningún momento puede considerarse un sustituto del toque manual, sino una herramienta auxiliar. La tecnología ha evolucionado mucho desde los años sesenta, y ahora se instalan motores y martillos que no impiden el toque manual. El ideal es que todos o la mayor parte de los toques sean manuales. Un referente en la mecanización de campanas es la torre del Micalet de la catedral de Valencia. De las 11 campanas litúrgicas, solo tres están mecanizadas, una con motor para los toques de coro diarios y algunos domingos, y las otras dos con sistemas hidráulicos que tiran de los badajos para los toques diarios de Oración y cierre de Murallas. Debemos tener en cuenta que los toques programados son siempre iguales, mientras que el toque manual tiene alma y constituye un acto comunicativo único. Un campanero se guía por esquemas de cómo deben interpretarse los toques, en ocasiones redactados en “partituras” (sin notas ni pentagramas), que se basan en someras descripciones con referencias temporales que pueden ser el tiempo que se tarda en rezar un Ave María o subir y bajar la escalera. Por tanto la interpretación es en cierto sentido improvisada. El campanero transmite además su ser y su estado de ánimo al toque, o sencillamente puede, sin salirse de la semántica del toque, improvisar para no aburrirse (11).


         4. JUSTIFICACIÓN DE LA RECUPERACIÓN

         Desde los años ochenta, gracias a la labor del campanólogo valenciano Francesc Llop i Bayo, se está poniendo en valor y recuperando el patrimonio campanero de España. Ha dirigido la restauración de las campanas de la Giralda de Sevilla, la Catedral de Murcia, la de Pamplona y la de Santiago de Compostela. El objetivo de esta recuperación es volver al toque tradicional de campanas a mano, del mismo modo que se hacía hasta los años sesenta del siglo pasado. Para ello el primer paso es el inventariado de campanas y registro de toques tradicionales en formato sonoro y en vídeo. La gran mayoría de los datos de campanas de España están volcados en la página www.campaners.com cuyo creador y administrador es Llop i Bayo. Lo que se plantea es la recuperación de la sonoridad original, actuando el campanario (y no solo la campana, sino los yugos, las instalaciones, la ubicación de los bronces, el habitáculo en sí) como un gran instrumento musical. Como podemos imaginar, es una labor de recuperación muy compleja con una vertiente material (campanas, yugos, instalaciones) y otra inmaterial (el toque de campanas) íntimamente ligadas. 

       El objetivo de este tipo de estudios pretende normalizar los criterios de restauración de campanas: soldar una campana histórica rota en lugar de fundirla; instalar yugos de madera siguiendo el perfil tradicional en lugar de los yugos de hierro, causantes de la rotura de muchas campanas, y recuperación de los toques manuales, dejando la mecánica como elemento auxiliar. 

           Cada vez hay más grupos de voluntarios que tocan de forma altruista las campanas, reservando la mecánica para los toques ordinarios. En Valencia el grupo de campaneros de la Catedral acaba de cumplir 30 años. Hace unos años se creó otro en la Catedral de Pamplona que toca principalmente en las fiestas. 

        Consecuencia de este proceso de recuperación es el restablecimiento del vínculo que existía entre las campanas y la comunidad, no solo desde una perspectiva estrictamente patrimonial, sino también desde el punto de vista religioso.

          Creemos que esta recuperación es muy necesaria en Cataluña, pues como ya hemos comentado, es una de las zonas donde más se ha perdido el toque tradicional de campanas, hasta el punto de considerarse extinto en algunas zonas.


          5. EL TOQUE DE CAMPANAS EN GERONA

         ¿Cómo se tocaban tradicionalmente las campanas en Gerona? Existen dos fuente para acceder a esta información, por un lado los toques interpretados por los campaneros que aún viven y por otro la búsqueda documental en consuetas guardadas en archivos o en publicaciones. No hemos podido conocer ni entrevistar a ningún campanero por el momento. No obstante, hemos consultado numerosas publicaciones sobre campanas y toques en Cataluña y concretamente en Gerona. Afortunadamente, los toques catalanes están muy bien documentados. De la catedral de Gerona se conservan varias consuetas, dos de ellas publicadas en sendas obras de Grahit i Grau: Les campanes de Girona (1926) y en el artículo “Una consueta de la Catedral de Girona” (1947), enriquecidas con numerosos comentarios del autor, gran conocedor de los toques de campanas de la ciudad. En la primera se hace pública la consueta de 1807 (12)  y en la segunda otra redactada en torno a 1870. En la primera de las obras se da información además de algunos toques de las iglesias y parroquias de Gerona, lo cual es de gran ayuda para reconstruirlos. 

     1. El toque de campanas de la Catedral de Gerona

    Como ya hemos dicho más arriba, las Catedrales son el espejo en el que se miraban todas las iglesias de la Diócesis. Sus celebraciones litúrgicas y todos sus manifestaciones, incluidas las campanas, eran copiadas por las parroquias. 

   La Catedral de Gerona contaba con un interesante y variado conjunto de campanas. Lamentablemente fue destruido en el transcurso de la guerra civil. En el campanario, ordenadas de mayor a menor, se encontraban las siguientes campanas: la Beneta (también llamada Bombo), la Capitular, la María o Mare de Déu, la Dominical, la Narcisa (o Nova), la Quotidiana, la Bramamorts, la Peixetera, la de Excomunions y la Petita (también llamada de l'Oració). En el interior del templete superior se encuentra todavía la campana dels quarts. Junto a estas, repartidas en diferentes lugares del tempo, estaban las dos pequeñas campanas de Maitines, situadas en una pequeña espadaña que daba a la plaza de los apóstoles (servían para coordinar los toques de campanas con la liturgia), la campana de llamar a los campaneros (se tocaba con una cuerda atada a la reja de la capilla bautismal), las campanitas del Viático (se hacían tocar desde el pie de la torre con una cuerda que caía desde la sala de los campaneros para avisar de un Viático) y las campanas pequeñas del reloj, situadas en una obertura en el ventanal tapiado de los pies de la Seo (servían para que la hora fuera escuchada en el interior). Existía también un gran Rotllo o rueda de campanas, de origen medieval, situado sobre la tumba del Conde Berenguer. Todas las campanas fueron destruidas durante la guerra civil, salvo las campanas horarias: la Beneta, la dels quarts y las dos campanas pequeñas del reloj.

Ubicación de las campanas de la catedral de Gerona antes de su destrucción.
Campanas "Capitular" y "Mare de Déu" de la Catedral de Girona (1910-1920). BIGAS, Josep Thomas/CRDI-Ajuntament de Girona


      Las Catedrales eran las creadoras de una forma de tocar, pero también solían mantener su estatus a través de ciertas peculiaridades que no eran imitadas. Por ejemplo, en Cataluña el repique de campanas era propio de la iglesias, pero no de las Catedrales. Lamentablemente, al no haber podido consultar a ningún campanero, no hemos podido comprobar la implantación que tuvo el repique en la ciudad, pues la documentación consultada no lo deja muy claro. En otras localidades catalanas sabemos que éste era el toque propio de los domingos y demás fiestas. En Gerona no podemos afirmar que tuviera el protagonismo que tenía en otras zonas. Sí conocemos la gran importancia de los repiques generales, efectuados en ocasiones muy concretas, en las cuales la Seo tomaba la iniciativa y el resto de campanarios de la ciudad la acompañaban:

     "Es tritllejar no més: en la vigilia de la Puríssima a migdia i al vespre després dels tocs de l'Oració, i a l'endemá a les quatre de la tarde per a senyalar la sortida de la processó; en la vigilia de Corpus a les mateixes hores i a l'endemà a les cinc de la tarde o sigui una hora abans de sortir la processó; i quan fa entrada el nou Bisbe, o venen l'arquebisbe, o el nunci, i quan pren possessió el Sant Pare. Es tritlleja mig quart seguit i es reposa altres tants minuts, repetint-se tres vegades” (13).

     Prácticamente todos los toques se realizaban desde la base de la torre, salvo el tritllo, que se efectuaba desde el propio campanario dos o tres veces al año. Este hecho es un tanto extraño, sobre todo si hablamos de una catedral, pues la tendencia habitual en España es que los toques más o menos elaborados (como el de un domingo) se tocasen desde el campanario, junto a las campanas. Posiblemente esta forma de tocar, extraña en España, esté influenciada por la tradición del centro y norte de Europa, filtrada a través de Francia, pues es además compartida con otras catedrales del norte, como la de Jaca.

Las cuerdas de las campanas caían hasta la base de la torre, indicando con inscripciones el nombre de cada campana. ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc/http://campaners.com


       Las campanas de la Catedral marcaban el ritmo de la ciudad y tenían la iniciativa sobre el resto de los campanarios. Diariamente la campana de l'Oració invitaba a rezar el Ángelus al amanecer, al mediodía y al anochecer. Una hora después de este último se tocaba el Padrenuestro de Ánimas, que no era efectuado por el resto de campanarios. Cuando ésta callaba la Beneta daba tres batallades pausadas (una por cada Ave María). A cada golpe respondían con otros tres la campana grande de cada campanario de la ciudad, salvo en San Félix, donde era balanceada la Narcisa. El ángelus de la noche se distinguía de los demás porque era señalado con antelación en tres ocasiones por la campana de l'Oració. El toque de Ánimas se efectuaba del mismo modo que este último. Otro toque diario que marcaba un punto culminante en la liturgia catedralicia era el de la elevación que se efectuaba en la misa conventual. Éste se anunciaba con la María a media altura, y al enmudecer con tres batallades de la Beneta.

       Los toques más importantes de la Seo eran los relacionados con el Oficio Divino. Para llamar a Coro a los Canónigos por las tarde en días ordinarios se balanceaba la Quotidiana hasta dejarla asentada tres cuartos de hora antes de comenzar. Se hacía  otro pequeño toque media hora antes y otro al cuarto, junto con la Peixetera. Ésta hace otra señal a medio cuarto y cuando es la hora ambas se “dejan ir” hasta pararse por sí mismas, dando comienzo al coro.

      La llamada a coro por la mañana se realizaba de la misma forma pero empleando la Nova o Narcisa. Los domingos y las fiestas en las que ardían seis cirios en el altar mayor (14) se efectuaba el mismo esquema pero con la Dominical. Los terceros domingos se celebraba el oficio de Minerva, con exposición y procesión Eucarística por el interior de las naves de la Seo. El día de la Vigilia este oficio se anunciaba con la Capitular y la María después del toque de oración del atardecer. Ambas campanas participaban también en los toques de domingo junto a la Dominical. Así mismo, eran empleadas para avisar de las procesiones vespertinas, y hacían toques de tanto en tanto hasta que la procesión retornaba a la Seo. 

       Los días de grandes Solemnidades, el toque a coro era mucho más elaborado. Tres cuartos de hora antes de comenzar el oficio se daban cuatro golpes a intervalos de un minuto con la Beneta; seguidamente se balanceaba la Capitular, hasta dejarla asentada; inmediatamente se hacía la misma maniobra con la María, dejándola en la misma posición que la anterior. Mientras tanto la Beneta no dejaba de sonar. Cuando quedaba media hora se hacía la misma maniobra con la Quotidiana y la Dominical. Un cuarto de hora antes se asentaba la Peixetera. A la hora de entrar a coro se dejaban ir todas hasta que por su propio peso se parasen.

     Los días de fiesta que tenían segundas vísperas, se tocaba a coro con la Quotidiana y la Dominical. 

        Los toques que acabamos de enumerar eran en realidad mucho más complejos. Para conocerlos en detalle se puede consultar la consueta publicada por Grahit i Grau en 1948. 

        Los toques de difuntos constituían un capítulo importante del repertorio, siendo la Bramamorts la protagonista de buena parte de ellos. Parece ser que presentaba una grieta que rompía su sonido, causada por un balazo durante los sitios de 1808 y 1809. Era también llamada la campana de Combregar, pues con ella se anunciaba el Viático para un feligrés de la Seo, efectuando 27 batallades si era hombre y 18 si era mujer. Anunciaba las defunciones de feligreses y beneficiados de la Catedral. Del mismo modo que en los toques de coro, para conocer con mayor detalle estos toques, remitimos a la consueta publicada en 1948 por Grahit i Grau. 

        La riqueza lingüística de las campanas decayó desde la segunda mitad del siglo XIX. Es probable que la consueta de 1870 sirviera para fijar algunas modificaciones, pues como consecuencia de las desamortizaciones y las políticas anticatólicas, las catedrales españolas se vieron obligadas a simplificar mucho el culto. Lo cierto es que ya Grahit i Grau en 1926, se queja de la excesiva simplicidad a la que habían llegado los toques (15). Desde entonces el repertorio ha ido simplificándose progresivamente. Las personas encargadas de tocar las campanas fueron también cambiando. Hasta finales del XIX los campaneros eran frailes legos, siendo el último conocido Fra Jaume, famoso por su meticulosidad y orden (16). En los años posteriores se hicieron cargo los seminaristas. Finalmente, en los años cuarenta, por circunstancias que más abajo comentaremos, se contrató a un campanero. Por fotografías conservadas de los años sesenta o setenta del siglo XX, sospechamos que los toques poco tenían ya que ver con los dados a conocer por Grahit i Grau, pues pueden verse casi todas las campanas tocadas con el badajo, extraña forma en la secular tradición de la Seo.

     Por desgracia, a pesar de haberse evitado en varias ocasiones a lo largo de la historia la destrucción de las campanas por parte del invasor francés, éstas fueron destruidas durante la guerra civil. En 1940 el cabildo encargó a Barberí la fundición de cuatro nuevas campanas, que venían a sustituir a las tristemente desaparecidas. De mayor a menor son la Assumpta, Capitular, Dominical y Quotidiana. En 1946 ocurrió un lamentable accidente: mientras salía la procesión del Corpus, la campana Assumpta (debía pesar cerca de 1600 kilos) se desprendió del yugo y cayó en la plaza de los Apóstoles. Gracias a Dios no ocurrió ninguna desgracia: momentos antes esta plaza se encontraba atestada de gente que esperaba la salida de la procesión. 

       Conviene decir que un suceso así es muy excepcional. Probablemente desde su fundición en 1940 el yugo de la campana viniera dando problemas, pues en 1945 la campana fue bajada al piso del campanario para ver si convenía poner contrapeso de madera o de piedra (17). Se ve que las precauciones tomadas en esta intervención no fueron suficientes para evitar el accidente. No es descartable atribuir este suceso a los seminaristas, no porque ellos hicieran alguna maniobra incorrecta, sino por su inexperiencia y desconocimiento. Tradicionalmente los campaneros eran los encargados del mantenimiento elemental de las campanas. Por su propia seguridad, un campanero sabía cómo atar un badajo (un badajo mal atado puede soltarse o romper una campana), apretar las tuercas e incluso, bajar la campana de su ventanal y realizar reparaciones de mayor envergadura en el yugo. Todos estos conocimientos son adquiridos a través de la experiencia (18). Aunque no se responsabilizó a los seminaristas del suceso, el cabildo decidió desde entonces contratar a un campanero profesional.

          Así mismo, el Cabildo tomó otras medidas de precaución, como colocar las campanas sobre una estructura en el interior del campanario para evitar futuros accidentes. Se tomó como referencia la colocación interior en muchos campanarios del extranjero, como ya se había hecho en 1925 en el nuevo campanario de Santa Susana de Mercadal (19). 

        Lamentablemente en esta decisión no se tuvo en cuenta el efecto acústico de la nueva colocación. Ya hemos dicho más arriba que el actual campanario está diseñado para que las campanas estén colgadas en la parte alta de los ventanales, de forma que el sonido se expanda mejor y no interfiera con la potente voz de la Beneta, la cual es reforzada por la sala del campanario que actúa como gran caja de resonancia. Las campanas, colocadas en el interior y bajo la Beneta apenas se oyen. Por lo general, una campana pequeña jamás debe colocarse debajo de una grande: las campanas más agudas tienden a ponerse por encima de las de sonido más grave. En Valencia, por ejemplo, las campanas pequeñas (conocidas como los tiples), suelen estar ubicadas en una estructura de madera en el techo de la sala.

Campanero de la Catedral en el año 1968. SANS PRATS, Narcís/ CDRI. Ajuntament de Girona.

       La ubicación interior de las campanas suele acompañarse de una serie de elementos que refuerzan la acústica, de forma que recogen, amplifican y dirigen el sonido. En los campanarios del centro y norte de Europa los ventanales están parcialmente cerrados con tablones inclinados hacia afuera que dirigen el sonido a la calle. En España este tipo de cerramientos son inexistentes; sin embargo, se desarrollaron otro tipo de cerramientos acústicos consistentes en cegar total o parcialmente los ventanales con tablones o con tapias. En fotografías antiguas de los campanarios de Serinyá y Vic pueden verse los ventanales parcialmente cegados con muros de obra. Conviene recordar una peculiar forma de reforzar acústicamente algunos campanarios góticos de la antigua corona de Aragón (20), consistente en colocar puertas de madera enrasadas con el muro del ventanal, evitando así que el grosor de los muros actuase como un cañón que lanzase el sonido en línea recta, de forma que se imposibilitara la conjunción sonora de todas las campanas. Este elemento solo pervive en la torre del Micalet de Valencia, pero existió en otros campanarios como el de la Seu de Lleida o la torre de la Prioral de Sant Pere de Reus.

Interior del campanario de Serinyà con ventanales parcialmente tapiados (1915-1925). 

BRANGULÍ (Fotògrafs)/Arxiu Nacional de Catalunya.



Torre de la Prioral de San Pedro de Reus. 1921. FARGAS, A/http://campaners.com . 
          Lo normal, en buena parte de España, es ajustar el ventanal al tamaño de la campana. En los pueblos de Castilla los ventanales sin campana son cegados o parcialmente cegados. En Cataluña en cambio, los campanarios tienden a ser muy altos y abiertos, con ventanales de varios metros de altura, de forma que la campana se ubique en la parte alta. Esta forma de construir los campanarios responde a una lógica muy sencilla: cuanto más alta se ubica una campana, más lejos llega su sonido. El campanario de la Catedral de Girona sigue fielmente esta tipología. Sus altos ventanales (deben medir cerca de siete metros de altura) fueron construidos para ubicar las campanas en la parte superior. A día de hoy todavía son visibles los mechinales para insertar los ejes o las ménsulas que sostenían las dos campanas pequeñas, la Peixetera y la de l'Oració, todos ellos realizados entre los siglos XVII y XVIII. En el campanario del Sagrado Corazón todavía se conservan los mechinales, a varios metros del suelo, y el hierro de tope de la desaparecida campana Miquela (a unos 3,40 m. del suelo del campanario).

Interior del campanario de San Félix. En el centro pueden verse las jambas picadas para permitir el movimiento de una antigua campana. DALMAU i ARGEMIR, Delfí / http://campaners.com .


         A partir del siglo XVI se tiende a sacar las campanas a los ventanales, debido principalmente a razones acústicas. En algunos casos se alteró la fisonomía de los ventanales para poder asentar en ellos los bronces. Por ejemplo, en la antigua Colegiata de San Félix, se picaron las jambas del ventanal de la Feliua y la Narcisa para que pudiera caber. Ya hemos dicho que en España, a diferencia de Alemania o Francia, se busca la diferencia y la expresividad de los toques. Una campana balanceando en un ventanal da dos golpes, uno hacia el exterior y otro hacia el interior. El exterior es percibido de forma mucho más directa, mientras que el del interior tiene más cuerpo (potenciado por el campanario que actúa como caja de resonancia). 

        En la raíz de todos estos elementos acústicos encontramos una tradición estética y sonora muy concreta, consistente en buscar la riqueza tímbrica frente a la perfección melódica. Este mismo hecho se observa en otro instrumento musical que ha sido desde hace unos años estudiado y puesto en valor: el órgano ibérico, cuya tipología se dio en España, Portugal, países iberoamericanos y Filipinas. En comparación con sus contemporáneos alemanes o franceses, los ibéricos resultan mucho más rudimentarios: sólo tienen un pequeño teclado de cuatro octavas que además se divide en dos para los diferentes registros, no teniendo el pedalero un gran desarrollo; no obstante esto no impidió explotar al máximo la expresividad del instrumento con una variedad tímbrica muy acusada, sobresaliendo por su fuerte impacto los registros de lengüeta en “batalla”. Así mismo incluyen otros registros ocultos en una caja para crear efectos de eco, buscándose con ello una atmósfera sonora sutil y misteriosa (este recurso fue incorporado en el siglo XIX a los órganos románticos). Esta comparación es adecuada para entender el universo estético que orientó las peculiaridades de las diferentes tradiciones campaneras españolas, que se mueven en unos parámetros diferentes a los del centro y norte de Europa y que por tanto, motivó la tendencia generalizada a ubicar las campanas en los ventanales.


          2. El toque de campanas en las iglesias de Gerona

      Tomando como referencia la Catedral, el resto de iglesias elaboraron un código de toques adaptándolo a las necesidades litúrgicas de cada parroquia, donde la administración de sacramentos y la atención espiritual de la feligresía era su principal función. Por otro lado están las iglesias conventuales o de instituciones religiosas donde se rezaba el oficio divino, señalando las diferentes horas con el toque de campanas. Debe subrayarse la excepcional importancia que tuvo la antigua Colegiata de San Félix, en la que, al igual que en la catedral, también se rezaba el oficio divino hasta, al menos, antes de la guerra civil. El templo colegial contaba con un conjunto de seis campanas (la Feliua, la Narcisa, la Cincnous, la Bramamorts, la Peixetera y la Petita), el más numeroso de la ciudad después de la Seo. Aunque lamentablemente perdidas durante la guerra civil, las medidas publicadas por Grahit i Grau (21) nos permiten conocer cómo estaba distribuido el conjunto, organizado en dos grosses, dos mitjanes, y dos petites (22). Las parroquias solían contar al menos con dos campanas, dos grosses o bien una grossa y otra petita. Otro esquema muy habitual era el compuesto por dos campanas grosses y dos petites que permitían interpretar toques variados y con ricas diferencias sonoras y tímbricas. Las parroquias del Carmen, San Martín, y Sant Pere de Galligans, contaban hasta 1936 con una grossa y otra petita. El Sagrado Corazón tenía dos grossas mientras que la parroqua de Santa Susana de Mercadal tenía el conjunto más completo después de la Seo y San Félix: dos  grosses y dos petites (23). Estas divisiones no se establecen en términos absolutos, sino relativos al conjunto de cada campanario.

Iglesia de San Esteban de Peratallada. Campanario compuesto por dos campanas grosses y dos petites separadas físicamente. SALVANY BLANCH, Josep / http://latribunadelbergueda.blogspot.com.es .


         Fue una práctica muy habitual en Cataluña, hasta el siglo XX, la elaboración de consuetas en las que fijar la organización litúrgica de las parroquias. En ellas se incluía también el toque de campanas, así como las obligaciones del campanero. La consueta de Riudellots de la Selva (fechada en 1763) no ofrece una lista o una “partitura” de toques; sin embargo, incluye algunas indicaciones sobre quién debía tocar los diferentes toques (sacerdote o campanero), cuántas y qué campanas debían emplearse (una mayor, las dos mayores, una pequeña, cuatro batallades con una campana pequeña...) en los diferentes actos.

       Como ya hemos comentado más arriba, los principales toques que regían el día eran los de la Oración del Ángelus, al alba, al mediodía y al anochecer, que las iglesias de la ciudad interpretaban tocando tres campanadas después de cada una de las tres batallades de la Beneta. A lo largo de la jornada se tocaba para los diferentes oficios religiosos, las misas de la mañana, especialmente la misa mayor, en la que además se debía señalar con tres campanadas la Elevación. Por la tarde se tocaba para los diferentes oficios religiosos, como el Rosario o el rezo de Vísperas o Completas. Los toques que anunciaban cada uno de estos actos y oraciones diarios eran generalmente tocados sin necesidad de subir a la torre, con cuerdas desde el suelo de la iglesia. El encargado de tocar las campanas era el campanero, que en algunas ocasiones podía ejercer también de sacristán, por cuyo oficio recibía una remuneración. 

       Sabemos que la forma habitual de tocar a misa en San Félix, Santa Susana de Mercadal (y suponemos que en el resto de iglesias) consistía en tocar con la campana mayor tres batallades seguidas cada medio minuto o minuto, durante un cuarto de hora antes de la hora fijada. Al llegar a esta hora se daban diez o doce batallades (24). En la Consueta de Riudellots de la Selva (1763), el Rosario era avisado con una campana pequeña (25).

       Los toques de los Domingos y de las fiestas son mucho más elaborados. Según el grado de festividad se emplean más campanas y toques más complejos, de forma que se establece una gradación e intensidad acorde con el grado de importancia de la fiesta. Esta gradación suele basarse en la gradación litúrgica: día ferial, domingo, fiestas de segunda clase (las actualmente consideradas como Fiestas), fiestas de primera clase (actualmente Solemnidades). Esta división no era rígida, sino que se adaptaba a la devoción y las necesidades locales enraizadas en la tradición. En pequeñas parroquias sólo se distinguía entre días ordinarios, domingos y grandes fiestas. En algunas ocasiones podía haber un toque de gran solemnidad que solo era realizado una o dos veces al año, como el ya mencionado Tritllo de la catedral de Gerona, que seguían el resto de iglesias.

       Un esquema habitual tradicionalmente empleado en las iglesias de Cataluña para señalar las fiestas es el repique seguido o combinado con el balanceo de campanas. En el campanario de Santa María de Cervera, el armonioso repique conocido como Bilandó precede al “volteo” de campanas, cuyo número depende de la clase de fiesta. Este toque era interpretado en las oraciones de la vigilia (mediodía y atardecer) y en todas las entradas al coro (26). Lo mismo ocurría en el campanario de Reus, en el que se distinguían varios tipos de toques según la clase (27). En Verdú existían además varias formas de repique en función de la importancia de la celebración (28), empleando más o menos campanas para ello. En Bellpuig se tocaba el repicó con todas las campanas, y se combinaba con el balanceo de más o menos campanas según la fiesta (en domingos solo se repicaba, fiestas menores repicó ventant la campana Grossa, y en las fiestas principales todas las campanas a vuelo) (29). 

         En el caso concreto de Gerona o su provincia no hemos encontrado ninguna consueta publicada que incluya una lista de toques, pero sí alguna referencia indirecta, como muestra el siguiente extracto del libro de Obra de Esponellá, con fecha de abril de 1856: “… lo Parroco dona també al campaner tres pesetas lo dia dels Morts, y son per recompensa de tocar la senyal llarch de Missa matinal y lo trillo de Missa mayor dels dias de obligació de oir Missa”, es decir los días de precepto, domingos y algunas fiestas (30). Una ligera referencia de Grahit i Grau a los toques de campanas de la parroquia de Santa Susana de Mercadal nos hace suponer que, al igual que el resto de iglesias catalanas, en la ciudad de Gerona las campanas eran repicadas en fiestas y domingos (31), al margen del tritllo general. 

         La forma en que se interpretaba el repique en Cataluña mantiene las peculiaridades propias de la corona de Aragón: el campanero cogía las cuerdas de las campanas pequeñas con las manos, mientras que las grandes eran tañidas con los pies; con las primeras se realizaban ritmos complejos y elaborados, mientras que las grandes se limitaban a marcar el ritmo. De esta forma se sigue repicando en Os de Balaguer (32) y en otras pequeñas localidades catalanas, y siguiendo este esquema se debió repicar en Gerona, como muestran numerosas fotografías antiguas conservadas. 

       Los toques de difuntos constituían un amplio apartado dentro del repertorio de toques tradicional, engrosado en buena medida por la distinción jerárquica del finado. Hasta no hace mucho los entierros se celebraban según clase, que generalmente eran llamados entierros de primera, segunda, tercera e incluso cuarta. Esto dependía de la cantidad de dinero que pudieran pagar los deudos del finado. El campanero tocaba más o menos tiempo o más o menos campanas en función del dinero que se le daba. 

       En muchas poblaciones catalanas es frecuente encontrarse con una campana llamada “de los muertos”. Esta campana era balanceada en los entierros y en ocasiones acompañada por las otras. Ya hemos hablado de la campana Bramamorts de la catedral y de San Félix. En la breve descripción que hace Grahit i Grau de los toques de la parroquia de Santa Susana de Mercadal habla del toque de Viático, los tocs de fi, los entierros y los de albats (33). Para el viático era balanceada la pequeña de las dos grosses, hasta que en 1910 el rector decidió que su sonido era muy triste y se sustituyó por la grande, la Susanna. Los tocs de fi anunciaban el fallecimiento de una persona. Eran tres para indicar si era un hombre y dos para una mujer. No dice exactamente cómo se tocaban, aunque posiblemente fueran similares a los dobles que precedían los entierros, con las dos campanas grandes. Suponemos que se realizaba con golpes lentos y alternados con los badajos, de la misma forma que se interpretan en Castilla los “clamores”. Los entierros variaban según la clase: para los de primera se tañía más de un cuarto de hora, para los de segunda un cuarto y para los de tercera medio cuarto de hora. Era práctica habitual en todas las iglesias de la ciudad hacer señal de cofradía un cuarto antes de la hora fijada. Éste se debía realizar balanceando una u otra campana indicando la pertenencia del difunto a una cofradía (34). Los dobles eran tocados después de la oración de la vigilia, un cuarto antes de iniciar el oficio de requiem, en el ofertorio y mientras se cantaba la absolución de la Misa del perdón (35).

     En la parroquia de Mercadal, para los entierros de niños (Albats) se balanceaban las dos pequeñas. 

         En las responsabilidades del campanero de Mercadal firmadas en 1784 se encuentran también la de tritllejar en els bateigs (36). Aunque no aporta más información, suponemos que este repique se efectuaba con las campanas pequeñas, cuyas voces son elogiadas por el autor, especialmente en los repiques. 

Campanario de Santa Susana de Mercadal antes de 1925. CDRI. Ajuntament de Girona.

Campanario de Santa Susana de Mercadal después de 1925. FARGNOLI, Valentí / CDRI. Ajuntament de Girona


6. EL CAMPANARIO DE LA IGLESIA DEL SAGRADO CORAZÓN

        El Templo expiatorio del Sagrado Corazón fue terminado en el año 1900. Este mismo año se colocaron dos campanas en el campanario del lado del evangelio, el más próximo a las dependencias conventuales. Las campanas fueron colgadas en el ventanal norte (la grande) y en el oeste, que da a la fachada principal. Fueron bendecidas en 1901 por el canónigo lectoral de la catedral Mn. Josep Alier, asistido por Mn. Miguel Buixons, rector de la Catedral y Mn. Joan Pascual, vicerrector del Apostolado de la Oración. Las campanas fueron destruidas durante la guerra civil.

         La campana grande era conocida popularmente como “Narcisa”. Su construcción se sufragó con un saco de monedas de dos céntimos recogidos en el cestillo de las Misas. En su bendición, se le impusieron los nombres de Narcisa, Dolors, Josepa y Rosa. Medía 80 centímetros de diámetro y 75 de altura (lo mismo que la actual). Pesaba 426,4 kilogramos y costó 1492 pts. Fue realizada por el fundidor gerundense Esteve Puig. 

     La otra campana, llamada “Miquela”, tenía una historia muy interesante. En la sesión del Ayuntamiento del 28 de enero de 1901 se da cuenta de una instancia promulgada por la Junta del Apostolado de la Oración pidiendo que cediesen como donativo una campana que había sin uso en la torre del Ayuntamiento, y aprovecharla con destino al templo expiatorio diocesano del Sagrado Corazón. El pleno del Ayuntamiento acepto por unanimidad la instancia. Esta campana, que por aquel entonces no tenía uso era, junto con la Beneta de la catedral, la encargada de tocar a somatén. La memoria de su uso quedó impresa en la inscripción que se le impuso: “Me dich Miquela, en el siti de l'any 1808 me trossejaren los francesos. Refosa, tocava a foc y a somatent, me dona al Cor de Jesus per anunciar sas festas y sas glorias en 1901, Gerona”. El 20 de junio de 1908, para conmemorar el centenario del primer asalto de los franceses, la “Miquela” y la Beneta tocaron a somatén. El bronce fue refundido por Esteve Puig. Medía 64 centímetros de diámetro y 55 de altura. En su bendición se le impuso el nombre de Miquela, Carme, Llucia y Francisca (37).

En la parte superior de la fotografía puede verse la campana Miquela.FARGNOLI, Valentí / CDRI. Ajuntament de Girona

Cabezales de piedra de los yugos de las desaparecidas campanas Narcisa y Miquela. Iglesia del Sagrado Corazón de Gerona.

      Sobre la forma de tocar en el templo antes de la guerra civil, Grahit i Grau aporta muy poca información. De la grande solo dice que era empleada para las misas y demás fiestas religiosas, mientras que la otra sonaba en las grandes fiestas y cuando la ciudad “vibra en emocionant tritlleig general” (38).

       Pasada la guerra civil, el templo renace de sus cenizas, y a través de donaciones es restaurado y reabierto al culto, fundiéndose dos nuevas campanas en los talleres de Barberí, que por aquel entonces estaban asentados en Olot. La campana grande se ubicó en el ventanal donde se encontraba la desaparecida “Narcisa”. La otra campana, sin inscripciones y de pequeño tamaño, fue bajada del campanario recientemente. Actualmente se encuentra depositada en el vestíbulo del convento como pieza decorativa. 



7. CONSUETA PROPUESTA

      Basándonos en las peculiaridades de la tradición campanera catalana y prestando especial atención a lo que hemos podido conocer de la ciudad de Gerona, proponemos unan lista de toques para anunciar y acompañar el culto del Templo Expiatorio.

         Antes de enumerar los toques, proponemos una serie de pequeñas actuaciones sin las cuales no podrían ser posible. Actualmente en el campanario sólo existe una campana, dotada de yugo, que lleva mucho tiempo tocándose únicamente con badajo, es decir, sin movimiento. Se encuentra en buen estado pero, para poder moverla sería necesario realizar algunas labores de mantenimiento en el mecanismo de sujeción del eje y del badajo.

Campana de la torre


        La campana pequeña, que actualmente se encuentra en el vestíbulo del convento, debería ser subida al campanario para poder enriquecer los toques y actuar de contrapunto a la campana grande. Es una campana manejable, puede subirse sin muchos problemas al campanario, y colgarse de una sencilla estructura para poder ser tocada a batallades o repicada. Tendría también que atarse una cuerda que llegara hasta el suelo de la torre, para emplearla en algunos toques ordinarios. Aunque algunos de los toques solo podrían ser realizados desde el campanario. Éstos aparecen señalados convenientemente con un asterisco (*).

           Después de estas breves indicaciones proponemos la siguiente lista de toques:

           1. Oración

           Tres series de tres batallades con la campana grande. Este toque se podría hacer de dos formas:

            1. La primera consistiría en dar los tres golpes después de cada batallada de la Beneta en la Oración de las 12 y de la tarde (creemos que se tañe a las 19 en verano y a las 18 en invierno).

           2. La segunda, mucho más acorde con el ritmo solar, consistiría en tocar a las 13 (que por cierto se aproxima más al mediodía solar) antes de cerrar el templo, y tocar en verano al terminar la misa vespertina y en invierno justo antes del Rosario (para no tocar de noche, porque en la noche las campanas callan, salvo las del reloj y la ocurrencia de alguna calamidad).

         No hemos incluido la oración del amanecer, porque no habría nadie encargado de tocar a esa hora. 

           2. Misa días feriales

          Basándonos en la forma de toque de San Félix y la parroquia de Mercadal, se tocarían, con la campana grande, series de tres campanadas espaciadas en unos 6 ó 7 segundos, rematando con una serie de 10 ó 12 campanadas. El total del toque vendría a ser unos dos minutos o quizás algo más. Se tocaría un cuarto de hora antes de las misas o de las vísperas cuando las haya,(actualmente los jueves). Este toque también es adecuado para las misas de los domingos a las ocho y cuarto en verano, porque en invierno ya empieza de noche. 

           3. Misa Domingos y Fiestas litúrgicas*

       Repique pequeño, que puede comenzarse con unos breves repicons con cada una de las campanas para devenirse en un acompasado tritllo de ambas que no ha de exceder los dos o tres minutos. 

           Este toque se tocaría un cuarto de hora antes de comenzar las misas anticipadas de los sábados, la del mediodía de los domingos y las misas, generalmente vespertinas (ya que no suelen ser de precepto), de fiestas litúrgicas.

           4. Misa Solemnidades litúrgicas*

         Se iniciaría del mismo modo que el anterior pero con una segunda parte en la que se alza la campana grande (asentándola boca arriba) y es fan tocs (balanceándola hasta dejarla de nuevo invertida) mientras se repica con la campana pequeña. Al final del toque es deixa anar hasta que se pare por su propio peso. Aunque puede parecer complicado, una sola persona puede hacerse cargo de tocar estas dos campanas a la vez.

      Este toque se realizaría un cuarto de hora antes de comenzar las misas anticipadas de solemnidades, la misa mayor e incluso la vespertina. Puede también tocarse después de la oración del mediodía de la vigilia, para anunciar la Solemnidad. 

             5. Corpus Christi e Inmaculada: Tritllo general*

           Repicar las campanas como ya se ha explicado siguiendo a las de la catedral durante un largo rato.

             6. Elevación en las misas: toque de Alzar

          Tres campanadas espaciadas al elevar la Hostia consagrada. Tres campanadas espaciadas al elevar el Cáliz consagrado. 

             Aunque de diario no se toque, debería al menor tocarse los domingos, fiestas y solemnidades.

             7. Rosario

         Una serie de campanadas continuadas con la campana pequeña unos minutos antes de comenzar el rosario vespertino.

             8. Novena (Sagrado Corazón, Inmaculada...)*

           En caso de rezarse una novena preparatoria al Sagrado Corazón, titular del Templo Expiatorio, el toque de Rosario sería sustituido por alzar (colocar boca abajo) la campana grande y "dejarla ir", mientras se repica la campana pequeña hasta que se pare por sí sola.

            9. Exposición y Bendición del Santísimo*

           La campana grande es boga (se balancea) al exponer y al reservar el Santísimo. Este toque, por razones ya dichas, no puede emplearse en la adoración nocturna ni para cualquier exposición nocturna, por tanto quedaría reservado para los retiros del apostolado de la Oración y la exposición del Jueves. 

       Este toque entraña un problema, debe coordinarse con la liturgia. Proponemos varias soluciones:

      1. Atar previamente la cuerda que baja a pie de torre a la palanca de balanceo. Hay que tener en cuenta que luego de tocar habría que volver a atar la cuerda al badajo.

      2. Una persona desde abajo avisa tocando la campana pequeña al que desde arriba debe tocar la campana grande.

      3. El encargado de tocar sube y empieza a tocar, calculando de forma aproximada cuando ha de empezar. 

       10. Bautizos* (e incluso bodas)

       Breve repique con las dos campanas como ya se ha comentado. 

       11. Entierros

       Proponemos dos maneras:

     1. Una sencilla: tocar desde abajo ambas campanas de forma pausada al principio y al final de la ceremonia. Comenzaría el toque con tres golpes con las dos campanas al unísono en caso de que el finado sea un hombre, y dos si es mujer.

      2. Asentar la campana grande (ponerla boca arriba) y hacer un toque (balanceándola de forma que vaya y vuelva hasta volverla a parar) cada 20 ó 30 segundos, acompañando caga golpe con una batallada de la pequeña. Este modo tendría que efectuarse desde el campanario. Este segundo modo de tocar quizá sea más apropiado para el día de los fieles difuntos o para muertes de obispo o incluso del papa. 


8. CONCLUSIÓN

En el marco de las actuaciones que recientemente se están llevando a cabo para recuperar la vida religiosa y espiritual del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Gerona, la recuperación de la función litúrgica de las campanas, en el contexto de la tradición propia de Cataluña, últimamente olvidada e incluso maltratada, aportaría un sello de autenticidad y de enriquecimiento patrimonial del templo.

      Realizamos esta propuesta con toda humildad, no sólo desde la perspectiva estrictamente histórica, sino desde el afecto muy especial que sentimos por este bendito templo y por las personas que con tanto fervor trabajan por su revitalización, inspirados además por el profundo amor que profesamos a Jesucristo nuestro Señor, particularmente en su advocación del Sagrado Corazón de Jesús.



NOTAS

1- ÁLVARO, Maricarmen; LLOP i BAYO, Francesc: Campanas y Campaneros, Salamanca, 1986, p. 59. Durando escribe en el siglo XIII que “en las procesiones se tocan campanillas para asustar a los demonios y hacerlos huir”.

2 - Empleamos la palabra balanceo de forma genérica. Existe una variada terminología local en torno al toque de campanas que presenta diferentes significados según la zona.

3 - FORMA o modo de tocar las campanas de esta Santa Iglesia Catedral de Calahorra. Calahorra, 1882. Disponible en: http://campaners.com/php/textos.php?text=6749 (Consulta 05/09/2017).

4 - En ocasiones, se ha achacado este hecho (con no muy buenas intenciones) a un atraso cultural. En el resto de Europa la sonoridad de las campanas es algo muy estudiado. Recientemente se ha cubierto el vacío científico existente en torno a la sonoridad de las campanas en España. Recientemente ha sido leída una tesis doctoral (LLOP i ÁLVARO, Francesc: Las campanas de las Catedrales Hispanas. Análisis, significado cultural, conservación y rehabilitación), que ha cubierto este vacío. En este estudio se ha podido demostrar el saber hacer y conocimiento práctico de los fundidores tradicionales -sin conocimientos técnicos- en relación a la capacidad de elaborar campanas con un resultado coherente y premeditado.

5 - La técnica de afinación de campanas se basa en el diseño de un perfil muy concreto y en la sustracción de milímetros de metal determinados puntos del interior de la campana, donde se genera el parcial que se quiere corregir.

6 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes de Girona. Palamós, 1926. pp. 57-62.

7 - GRAHIT i GRAU, José: “Una consueta de la catedral de Gerona”, Annales de l´Institut d´Estudis Gironins, 2 (1947), pp. 99-123. Disponible en http://www.raco.cat/index.php/AnnalsGironins/article/view/53345/63899 (consulta 06-09-2017).

8 - GRAHIT I GRAU, José: “Una consueta...” Op. Cit. pp. 103-104.

9 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes … Op. Cit. p. 13.

10 - Para más información sobre este fenómeno cfr. LLOP i BAYO, Francesc: “Els tocs de campanes catalans: una espècie cultural en via de d'extinció”, Catalunya Cristiana, Julio 2000. Disponible en http://campaners.com (consultado 06-09-2017). LLOP i BAYO, Francesc: “Els tocs de campanes catalans: una espècie cultural en via d'extinció (i 2)”, http://campaners.com , 2000. (consulta 06-09-2017).

11 - Cfr. LLOP i BAYO, Francesc: “Aburrir o comunicar: los límites de la improvisación en los toques de campanas”, La voz y la improvisación. Simposio sobre Patrimonio Inmaterial. Fundación Joaquín Díaz, 2007. Disponible en http://campaners.com/ (consulta 06-09-2017).

12 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes … Op. Cit. pp. 18-22.

13 - GRAHIT Y GRAU, Josep: Les campanes de Girona... Op. Cit. p. 17.

14 - Estos días aparecen señalados en la Consueta de 1807. Aparecen también denominados como Dies de bordons. Las festas eran las siguiente: 1 y 6 de enero; 2, 24 (ó 25) de febrero; 18, 21 y 25 de marzo; 23 de abril; 24 y 29 de junio; 2 y 25 de julio; 1, 3, 6, 15 y 18 de agosto; 8 y 23 de septiembre; 2, 4, y 29 (y los dos primeros días de la octava) de octubre; 1, y segundo domingo de noviembre; 8, 18, 25, 26 y 27 de diciembre. Junto a estas fechas se encuentran otras móviles: Domingo de Resurrección, lunes y martes de la octava de pascua, Domingo “in Albis”, Ascensión, Pentecostés junto con el lunes y martes de su octava, y el Corpus Christi. Cfr: Ídem, pp. 21-22. 

15 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes … Op. Cit. p. 24.

16 - GRAHIT I GRAU, José: “Una consueta...” Op. Cit. p. 99

17 - CALZADA i OLIVERAS, Josep: Les campanes de la catedral de Girona. Girona, 1977, pp. 55-59.

18 - En muchas parroquias de Gerona era frecuente arrendar las campanas anualmente, es decir, elegir a uno o varios campaneros para que desempeñasen esta labor. En la consueta de Riudellots de la Selva se recomienda que no sea frecuente el cambio, pues un campanero inexperto podía romper las campanas. Cfr. PUIGVERT i SOLÀ, Joaquim M.: Una parròquia catalana del segle XVIII a través de la seva consueta. Barcelona, 1986, p. 124.

19 - Realmente no puede considerarse interior la colocación de este desaparecido campanario, pues las campanas estaban en los ventanales, pero asentadas sobre pares de vigas que cruzaban de un lado a otro de la torre. CALZADA i OLIVERAS, Josep: Les campanes de la … Op. Cit. pp. 55-59.

20 - LLOP i BAYO, Francesc: “Tancaments acústics en campanars gòtics de la corona d'Aragò”, en http://campaners.com/php/textos.php?text=7295 , 2015.

21 - GRAHIT Y GRAU, Josep: Les campanes de Girona... Op. Cit. pp. 50-56.

22 - Ídem. Las grosses (Feliua y Narcisa) tenían un diámetro superior a un metro (1,32 y 1,10 respectivamente); las mitjanes en torno a los 90 centímetros (Cincnous 0,95 m. y Bramamorts 0,88 m.), y las petites próximo a los 60 centímetros (la Peixetera 0,65 m. y la Petita 0,62 m.).

23 - Afortunadamente conocemos todas las campanas que existían en Gerona antes de la guerra civil. Cfr. GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes... Op Cit.

24 - Ibídem, p. 51.

25 - PUIGVERT i SOLÀ, Joaquim M.: Una parròquia catalana … Op. Cit. p. 126.

26 - LLOBET i PORTELLA, Josep M.: “Les campanes de l'església de Santa Maria de Cervera (1338-1880), Miscel·lània Cerverina 16 (2003), pp. 69-138. Disponible en http://www.raco.cat/index.php/MiscellaniaCerverina/article/viewFile/136994/187305. En el anexo de este artículo aparecen publicados dos consuetas detalladas del toque de campanas de Cervera, la primera fechada en 1807 y la segunda en 1962.

27 - BARRUFET i PUIG, Pere: Les campanes del nostre campanar. Reus, 1953. Disponible parcialmente en: http://campaners.com/php/textos.php?text=3400

28 - SALISI i CLOS, Josep María: “Les campanes de Verdú. Recerca històrica i etnomusicològica”, URTX Revista Cultural de l'Urgell, 14 (2001), pp. 59-81.

29 - MIRÓ i BALDRICH, Ramon: “Campaners i tocs de campana a Bellpuig”, Quaderns de El Pregoner d'Urgell, 21 (2008), pp. 23-58, Disponible en http://www.raco.cat/index.php/QuadernsPregonerUrgell/article/view/217090/293561

30 - SAPENA i AZNAR, Carles: Les campanes. Girona, 1997, p. 35.

31 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes... Op. Cit. p. 62.

32 - Esta forma de repicar estaba muy extendida como puede comprobarse en las consuetas de Verdú o Reus. En la primera población las campanas protagonistas de todos los repiques eran las dos pequeñas (llamadas la Nenc-Nenc y la Major) -Cfr. SALISI i CLOS, Josep María: “Les campanes de Verdú... Op. Cit.-. En Reus eran las campanas de Jesús, Sant Pau y también San Jaume, las que tomaban la iniciativa en los repiques – Cfr. BARRUFET i PUIG, Pere: Les campanes del nostre... Op. Cit – Es también lo común en muchas poblaciones catalanas donde todavía pervive la tradición de tocar a mano.

33 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes... Op. Cit. pp. 58-61.

34 - A propósito de las señales de cofradía, Grahit i Grau señala sobre la campana Mare de Déu de la Catedral: Se la distinguía además, con el nombre, también vulgar, de la “Confraria de l'Esperança o de Nostra Senyora”, en atención a ser utilizada para anunciar los entierros de los fieles del barrio de la Catedral, llamados de “Confraria oberta”, a los que podían asistir cuantos sacerdotes lo desearan”. Cfr. GRAHIT i GRAU, José: “Una consueta de la catedral...”, Op. Cit. p. 100.

35 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes... Op. Cit. p. 61.

36 - Ibídem, p. 59.

37 - Ibídem. pp. 91-93.

38 - GRAHIT i GRAU, Josep: Les campanes … Op. Cit. pp. 92-93.




BIBLIOGRAFÍA

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BARRUFET i PUIG, Pere: Les campanes del nostre campanar. Reus, 1953. Disponible parcialmente en: http://campaners.com/php/textos.php?text=3400 

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FORMA o modo de tocar las campanas de esta Santa Iglesia Catedral de Calahorra. Calahorra, 1882.  Disponible en: http://campaners.com/php/textos.php?text=6749 (Consulta 05/09/2017).

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